domingo 26 de abril de 2026 - Edición Nº1306

Locales | 27 abr 2026

Economía en caída libre

La crisis avanza en Olavarría: los datos que muestran una situación económica cada vez más insostenible

La economía de Olavarría se hunde: la actividad cayó -13% interanual, el comercio -26%, se perdieron 2.000 empleos y el salario mínimo perdió 39% de poder adquisitivo. Con alimentos disparados y el consumo de combustible en caída, el ajuste ya se siente en cada rincón de la ciudad.


La crisis económica se siente con fuerza en Olavarría y empieza a dejar postales cada vez más crudas: locales sin clientes, comerciantes que evalúan cerrar, caída del empleo y un derrumbe generalizado de las actividad que generan empleo. Los datos oficiales y los testimonios del sector privado coinciden en un diagnóstico cada vez más difícil de relativizar: la recesión se profundiza y no encuentra piso.

Según el Índice Económico de Olavarría (IEO), la actividad cayó -9% en marzo respecto a febrero y -13% interanual, acumulando 10 meses consecutivos de retracción. No se trata de un retroceso aislado sino de un proceso sostenido que impacta en todos los sectores que sostienen la economía local. “Medimos los cuatro principales sectores que generan el 70% del empleo privado y en todos el saldo es negativo”, resume el informe.

El comercio es, quizás, el reflejo más inmediato del deterioro. La caída fue del -26% interanual, en línea con un desplome del consumo que ya se percibe en la calle. “Hay semanas enteras que entran una o dos personas, esto no lo viví ni en el 2001”, contó el dueño de un local de indumentaria ubicado en Rivadavia y Coronel Suárez que piensa seriamente en reconvertirse al rubro servicios. Otra comerciante fue aún más directa: “Es cada vez peor. Traemos mercadería más barata pero igual no se vende. Es imposible sostener un comercio así”.

Detrás de esa caída aparece el dato que ordena todo el resto: la pérdida del poder adquisitivo. El salario mínimo cayó 39% en términos reales desde fines de 2023 y el impacto es directo sobre el consumo. La ecuación es simple y cada vez más extendida: menos ingresos, menos ventas y más cierres. A eso se suma la apertura de importaciones, que empieza a presionar sobre rubros como la indumentaria. “Hoy con dos clics te llega ropa desde China”, advierten desde el sector.

La caída de las ventas tiene del otro lado consumidores que no llegan a fin de mes y viven con angustia el sostenido aumento de los alimentos. La carne vacuna, uno de los principales componentes de la dieta argentina, se convirtió en el símbolo más claro del deterioro. Desde diciembre de 2023 acumula subas superiores al 260% en cortes populares y registra incrementos interanuales por encima del 70%, superando incluso la inflación general. En paralelo, el precio del ganado en pie se ubica entre 3 y 4 dólares por kilo, muy por encima del histórico de entre 1 y 2 dólares, lo que configura una renta extraordinaria para el sector ganadero beneficiado por el crecimiento de las exportaciones.

El deterioro también se traslada al empleo. Desde 2024 se perdieron más de 2.000 puestos de trabajo registrados en Olavarría. En la "ciudad del trabajo", la caída es transversal: logística y transporte retrocedieron -29% interanual, la minería -19%, la industria -7% y el comercio lidera el desplome. No son números aislados, son sectores que explican el sustento de miles de familias.

La construcción, otro de los pilares históricos de la economía local, también acusa el impacto del freno de la obra pública. Con niveles de inversión nacional en torno al 0,4% del PBI, el parate se trasladó directamente a la actividad. El despacho de cemento —indicador clave en una ciudad cementera— refleja esa dinámica: aunque hubo un leve repunte reciente, el nivel sigue 22,1% por debajo de 2023. La tendencia general no es de recuperación, sino de estancamiento en niveles muy bajos.

El enfriamiento económico también se percibe en variables menos visibles pero igual de contundentes. El consumo de combustibles cayó 32% respecto a 2023 y acumula 11 meses consecutivos de baja interanual, con niveles que sólo encuentran comparación en los peores momentos de la pandemia. Menos movimiento, menos transporte, menos actividad: la economía se desacelera en todos sus engranajes.

El impacto social empieza a tensar al máximo la capacidad de respuesta del Estado local. En el Hospital Municipal se abrieron unas 5.000 historias clínicas nuevas y la demanda social se triplicó. Al mismo tiempo, el municipio enfrenta una pérdida de ingresos acumulada superior a los 10 mil millones de pesos, lo que reduce su margen de acción en un contexto donde cada vez más vecinos dependen de asistencia.

La escena que se configura es la de una economía que se achica desde abajo hacia arriba. Comercios que sobreviven con lo justo, sectores productivos en retroceso y un consumo que no reacciona. Puede haber rebotes puntuales en algunos indicadores, pero la tendencia dominante es otra: una caída persistente que empieza a sentirse no sólo en las estadísticas, sino en la vida cotidiana de la ciudad.

Más Noticias